Día Internacional del Sommelier: cómo evolucionó un rol clave en el conocimiento y la pasión por el vino
Gracias a su formación continua, es una pieza fundamental en la interacción con los consumidores en diversos ámbitos: restaurantes, vinotecas, bodegas y eventos


Para la industria del vino, es un personaje clave para conectarse con los consumidores en diversos ámbitos; restaurantes, vinotecas, bodegas, eventos, etc.; y así promover más y mejor el consumo responsable y la cultura del vino.
Hoy se celebra en todo el mundo el Día Internacional del Sommelier, fecha elegida que refiere a la creación de la Asociación Internacional de Sommeliers (ASI) en Francia en 1969. La misma surgió de una trascendental reunión de visionarios de la sommellerie en Reims (Champagne, Francia), donde los firmantes se comprometieron a trabajar juntos para promover objetivos y normas comunes. La nueva organización tendría su sede en la cuna de la cultura del vino, París.
Sin embargo, su objetivo era ir más allá de Francia, es por ello que el estreno del evento más importante de la organización, el concurso ASI Mejor Sommelier del Mundo, se celebró ese mismo año en Bruselas
En la actualidad, estos profesionales surgen con una mejor formación primaria, con educación continua y oportunidades de crecimiento personal. Hoy el sommelier es el más capacitado en el servicio de restauración y en el significado de la excelencia en el servicio, y tiene como gran objetivo crear experiencias gastronómicas memorables.


Sabe que si alguien requiere su servicio no se trata de una clase magistral. Por lo tanto, debe guardarse todo lo que pueda saber sobre el vino en cuestión para cuando el cliente se lo demande. Y en ese momento, comunicarse con un lenguaje coloquial y guardarse los tecnicismos para otro momento.
Escucha más de lo que habla, a menos que le hagan muchas preguntas porque se trata de una mesa muy interesada en el tema vinos.
Degusta la mayor cantidad de vinos posibles, porque su curiosidad “lo obliga”, y al hacerlo metodológicamente, sus opiniones se vuelven más consistentes.
Entiende de maridajes, y para ello debe probarlos y comprobarlos, ya que la teoría no es suficiente y tampoco abarca a todos los países por igual.
Debe “saber leer al cliente”, ya sea en una tienda de vinos (on line o vinoteca) o en un restaurante, recomendando vinos de acuerdo a los requerimientos del cliente.
No ser prejuicioso, ni con regiones, ni con tipo de vinos, ni con variedades, ni mucho menos con hacedores.
No opina sobre sus gustos personales, sino que tiene en cuenta su conocimiento profesional.
Respeta el vino y el trabajo que hay detrás del vino, y se capacita todo el tiempo y quiere saber más, porque el mundo del vino es inabarcable y nunca se termina de aprender.
Ama lo que hace y se lo transmite a los demás, creando experiencias memorables y despertando el interés de las personas.




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